ERAS en Guatemala: lo que dos hospitales aprendieron al implementarlo
La implementación del protocolo ERAS en Guatemala ya dejó de ser una pregunta teórica. Para muchos equipos quirúrgicos del país, la evidencia internacional no ha sido el principal obstáculo; el verdadero desafío ha sido demostrar que el protocolo puede funcionar dentro de las limitaciones reales del sistema de salud guatemalteco: recursos ajustados, resistencia institucional, formación desigual del personal y dificultad para coordinar equipos multidisciplinarios.
En el marco del Congreso Nacional de Cirugía, conversamos con dos cirujanos que ya están implementando ERAS desde contextos institucionales distintos: la Dra. Patricia Chacón, jefa del Departamento de Cirugía del Hospital San Juan de Dios, y el Dr. José Contreras, cirujano hepatobiliar del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS). Sus testimonios no presentan un caso de éxito aislado; ofrecen un mapa de cómo dos instituciones públicas, con recursos y realidades diferentes, enfrentaron barreras similares.
Tabla de contenidos
- Vencer la resistencia institucional: el caso del ayuno prolongado
- Prehabilitación en cirugía de alta complejidad
- La barrera real no es el protocolo, es la coordinación
- De la evidencia internacional a la evidencia local
- Resultados que ya se están documentando en Guatemala
- Preguntas frecuentes
Vencer la resistencia institucional: el caso del ayuno prolongado
De todos los componentes de ERAS, el ayuno preoperatorio prolongado es, según la Dra. Chacón, «el mito más grande» al que se enfrentaron. No fue un problema de evidencia —las guías internacionales sobre ayuno reducido llevan años publicadas—, sino de convencer a un servicio completo, el de anestesia, de que dos horas de ayuno de líquidos claros era una práctica segura.
La estrategia que usó el Hospital San Juan de Dios para vencer esa resistencia es, en sí misma, una lección de implementación: en lugar de imponer el cambio por directriz administrativa, lo introdujeron como línea de investigación. «Nos costó bastante trabajar con anestesia […] lo fuimos introduciendo como estudio de investigación, como tesis», explica la Dra. Chacón. El hospital acumula ya alrededor de cinco tesis sobre distintos componentes de ERAS, y fue precisamente esa evidencia generada puertas adentro —no solo la literatura internacional— la que terminó de convencer al equipo de anestesia.
En paralelo, avanzaron en otros dos frentes postoperatorios: la movilización temprana del paciente y el retiro oportuno de las vías intravenosas. Ninguno de los dos requiere inversión en equipo o tecnología; requieren, en palabras de la Dra. Chacon, «mucha educación, mucha educación y concientización al personal médico y al personal de enfermería para que colaboren». Es un dato relevante para cualquier hospital que asuma que ERAS es costoso: los primeros pasos que dio San Juan de Dios fueron, sobre todo, de cambio de práctica clínica, no de presupuesto.
Prehabilitación en cirugía de alta complejidad
El punto de entrada del IGSS fue distinto. El Dr. Contreras, quien realiza cirugía hepatobiliar y pancreática, priorizó la prehabilitación: «la preparación previa del paciente, justamente como para evitar esas complicaciones que pueden presentarse en el postoperatorio», que en su servicio incluye medidas nutricionales y medición de
la capacidad funcional antes de cirugías programadas.
La razón de esa priorización tiene un componente epidemiológico específico de Guatemala: «en nuestra población es una realidad que los pacientes padecen desnutrición, padecen de complicaciones que ya vienen acarreando por un cáncer», señala el Dr. Contreras. En cirugía hepatobiliar y pancreática, donde el margen de tolerancia a las complicaciones es menor, intervenir sobre el estado nutricional del paciente antes de operarlo no es un añadido opcional al protocolo: es, según su experiencia, la diferencia entre un paciente que tolera bien la cirugía y uno que no.
Este es también el componente de ERAS que más depende de otros especialistas —nutrición, en particular—, lo que lleva directamente al siguiente obstáculo que ambos cirujanos identificaron de forma independiente.
La barrera real no es el protocolo, es la coordinación
Preguntados por separado, la Dra. Chacón y el Dr. Contreras llegaron a la misma conclusión sin haberla acordado: implementar ERAS no falla por falta de evidencia clínica, falla por falta de coordinación y educación sostenida entre equipos.
El Dr. Contreras es explícito sobre la naturaleza del protocolo: «definitivamente es trabajo en equipo […] multidisciplinario, y que debemos tener el apoyo básicamente de cualquier tipo de especialidad, entiéndase nutricionistas, psicólogos, terapistas, obviamente el equipo quirúrgico involucrado, anestesia, que realmente es una de las partes, uno de los eslabones muy importantes». Su recomendación para cualquier hospital que quiera empezar es directa: «primero es educar a todo mundo […] hay que educar al paciente, hay que educar al equipo médico, hay que educar a las autoridades».
Esto tiene una implicación práctica para quien esté evaluando adoptar ERAS: el primer paso no es necesariamente un protocolo escrito o un comité formal, sino invertir en que cada actor involucrado —enfermería, anestesia, nutrición, y el paciente mismo— entienda por qué el cambio de práctica es seguro y beneficioso. Sin ese consenso
informado, cualquier medida aislada tiende a revertirse con el tiempo.
De la evidencia internacional a la evidencia local
Uno de los hallazgos más útiles de estas dos experiencias es metodológico: ambos hospitales usaron la generación de evidencia local como palanca de cambio, no solo como resultado. En San Juan de Dios, las tesis de investigación sobre ayuno y otros componentes de ERAS no fueron un ejercicio académico aislado; fueron el argumento que permitió que anestesia aceptara modificar una práctica arraigada.
Esta estrategia es replicable. Para un hospital o servicio quirúrgico que enfrenta resistencia interna hacia ERAS, documentar sistemáticamente los propios resultados —aunque sea en un grupo pequeño de pacientes— puede tener más peso persuasivo ante el equipo local que la sola cita de guías internacionales como las de la ERAS
Society. La evidencia importada abre la conversación; la evidencia generada en casa la cierra.
Resultados que ya se están documentando en Guatemala
Los desenlaces que reporta la literatura internacional sobre ERAS —menor estancia hospitalaria, menor tasa de complicaciones y recuperación funcional más rápida— ya tienen un correlato local. El Dr. Contreras lo resume desde su propia experiencia en el IGSS: los resultados «se reflejan en menos costos, en menos días de hospitalización y […] la recuperación funcional de nuestros pacientes».
Para los equipos quirúrgicos guatemaltecos que aún no han iniciado el proceso, el mensaje central de ambos médicos es el mismo: la barrera no es técnica ni económica, es de decisión y sostenimiento en el tiempo. Como resume la Dra. Chacón, «sí se puede, es de voluntad».
Preguntas frecuentes
¿Cómo se convence al equipo de anestesia de reducir el ayuno preoperatorio?
La experiencia del Hospital San Juan de Dios sugiere que introducir el cambio como línea de investigación formal, con seguimiento y resultados documentados, genera más aceptación entre los equipos de anestesia que una directriz administrativa sin respaldo de datos locales.
¿Qué se necesita para implementar ERAS en un hospital público en Guatemala?
Según los dos casos analizados, el punto de partida no es presupuestario: es educación sostenida al personal médico y de enfermería, y coordinación con especialidades como nutrición y anestesia. Los primeros cambios —ayuno reducido, movilización temprana, retiro oportuno de vías— no requieren inversión en equipo.
¿Por dónde debería empezar un hospital que recién adopta ERAS: por el preoperatorio o el postoperatorio?
Depende del perfil del servicio. En cirugía general, San Juan de Dios priorizó el componente postoperatorio (ayuno, movilización). En cirugía hepatobiliar de alta complejidad, el IGSS priorizó la prehabilitación nutricional,
dado el perfil de desnutrición asociado a patología oncológica en sus pacientes.
¿Qué especialidades deben participar en la implementación de ERAS?
Como mínimo, cirugía, anestesiología y enfermería perioperatoria. Para un protocolo completo, se suman nutrición, psicología y terapia física, especialmente en cirugías de alta complejidad.
¿Existe evidencia generada en Guatemala sobre ERAS, o solo aplica la literatura internacional?
Sí. El Hospital San Juan de Dios cuenta ya con aproximadamente cinco tesis de investigación sobre distintos componentes del protocolo, lo que constituye evidencia local que otros hospitales pueden citar al evaluar su propia implementación.
¿Quieres profundizar en esta conversación?
Escucha el episodio completo de Del Saber al Hacer, donde la Dra. Chacón y el Dr. Contreras comparten con más detalle cómo implementaron ERAS en sus instituciones. Si tu equipo quirúrgico está evaluando dar el primer paso, el equipo de Educación Continua de Servicios Quirúrgicos puede acompañarte en ese proceso.
Sobre la Autora

Patricia Calán Flores
Gerente de Educación Continua en Servicios Quirúrgicos (SQ)
- Especialista en Educación: integrando la pedagogía moderna en la formación de profesionales de la salud.
- Cuenta con más de 25 años de experiencia profesional en el sector salud, liderando procesos de capacitación clínica avanzada


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