Cuando el problema no es la robótica, sino lo que deja al descubierto 

En artroplastia, la robótica suele generar reacciones extremas. Para algunos es el futuro inevitable; para otros, una complicación innecesaria. Ambas posturas comparten un punto ciego: no hablan del verdadero impacto clínico.

La pregunta incómoda que casi nadie formula

La controversia no es si la robótica “mejora resultados”. La pregunta real es otra: ¿cuántas decisiones intraoperatorias seguimos tomando sin poder medirlas con precisión? Durante años, la experiencia clínica permitió compensar esa falta de información. Funcionó. Pero hoy, cuando el margen de error percibido es menor, la intuición sola empieza a quedarse corta.

Ahí es donde aparece ROSA®, no como un sustituto del cirujano, sino como un elemento que hace visibles variables que siempre estuvieron ahí. ROSA® no opera. No decide. No “corrige” al cirujano. Su función es más incómoda: mostrar datos objetivos en tiempo real sobre alineación, posición y cambios dinámicos durante la cirugía. Y eso genera fricción, porque obliga a confrontar una realidad clínica: dos cirugías técnicamente correctas no siempre son iguales. Cuando esa variabilidad se vuelve visible, la conversación cambia.

Robótica ≠ automatización

Uno de los mitos más persistentes es que la robótica busca estandarizar al cirujano. En la práctica ocurre lo contrario. ROSA® pone sobre la mesa información que antes quedaba implícita, lo que obliga a definir criterios con mayor claridad, justificar ajustes intraoperatorios y diferenciar preferencia personal de decisión clínica. Esto no reduce el rol del cirujano; lo vuelve más consciente y defendible.

El punto más controversial: ver más no siempre es cómodo

No todos los cirujanos quieren más datos. Más información implica más responsabilidad. Cuando una variable es visible, ya no se puede ignorar, ya no se puede atribuir solo a “respuesta del paciente” y ya no queda solo en la experiencia subjetiva. Ese es uno de los motivos por los que la robótica genera resistencia: no por complejidad técnica, sino por exposición clínica.

Educación robótica: no empezar de cero, sino repensar lo aprendido

Adoptar sistemas como ROSA® no exige desaprender la cirugía. Exige reordenar el proceso de toma de decisiones. Muchos equipos descubren que el mayor valor no está en la ejecución, sino en la planificación estructurada, la comparación objetiva entre casos y la reducción de variabilidad no intencional. Eso transforma la robótica en una herramienta educativa continua, no en un “upgrade tecnológico”.

¿Es ROSA® para todos?

No necesariamente. Y ese también es un punto que rara vez se dice. ROSA® no aporta valor si el objetivo es “hacer lo mismo de siempre”. Aporta valor cuando el objetivo es entender por qué se hace cada ajuste y qué impacto real tiene. En ese sentido, la robótica no acelera el cambio; lo hace evidente.

La discusión que viene (y que vale la pena tener)

La pregunta no es si la robótica llegó para quedarse. La pregunta es: ¿estamos listos para operar con más información de la que estábamos acostumbrados a ver? Porque cuando las variables se vuelven visibles, el estándar cambia. Y ese cambio no es tecnológico. Es mental. ROSA® no redefine la cirugía; redefine cómo se toman las decisiones dentro de ella.

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